La conectividad fue una de las aristas más notables. Tener que desarrollar clases enteramente virtuales, manifestó lo esencial que es tener un buen acceso a internet, en tanto es una herramienta de aprendizaje que llegó para quedarse y el único camino que queda es trabajar para fortalecerla. Hoy la conectividad es un bien esencial para todo alumno que quiera aprender.
Además, comprendimos que la escuela no es un lugar donde los estudiantes vienen exclusivamente a estudiar y se van. Cada niño, cada jóven carga con sus mochilas particulares, y como escuela debemos estar allí para ellos. Acompañarlos, escucharlos, contenerlos y ayudarlos a conformar una seguridad emocional, es clave para que nuestros chicos puedan sentir la escuela como propia, y sea un espacio de disfrute y confort.
No debemos olvidar a los docentes, quienes hicieron un esfuerzo extraordinario por adaptarse a las nuevas plataformas de aprendizaje, que para muchos eran totalmente nuevas, utilizando la creatividad y la innovación para tratar de “traspasar las pantallas” y así conectar con los chicos a pesar de no poder compartir en el aula. A ellos también hay que acompañarlos y capacitarlos para que todo lo aprendido este año, se refuerce el año que viene, y si es necesario volver al aislamiento nuevamente, estemos más preparados que nunca.
Lo que la pandemia nos enseñó
Lo que esta pandemia nos deja es la necesidad de seguir trabajando los vínculos, las relaciones con las familias, y sin duda, entender la importancia que cobra la autonomía en el aprendizaje. Necesitamos ayudar a nuestros alumnos a auto gestionar sus aprendizajes. Esto es clave para que puedan seguir aprendiendo, aun mucho después de dejar nuestras aulas. Después de todo, las reglas que gobiernan el mundo laboral, también están cambiando y las habilidades de aprendizaje ágil se profundizan día a día.
Sigamos construyendo la escuela que queremos.
¡¡Vivamos Suyai!!



